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¿Cuánto ganas realmente? El factor rentabilidad

Todos sabemos lo que cobramos por una traducción, pero ¿sabemos realmente si nos sale rentable? Cuando un cliente nos hace un encargo que vamos a facturar por palabras, tomamos siempre nota del número de palabras, la tarifa unitaria y el precio total, pero casi nunca registramos otro dato igualmente importante: el tiempo que le hemos dedicado a ese trabajo, factor que nos ayudará a determinar si nos ha salido rentable o no. Pongamos un ejemplo:

Tenemos dos trabajos: una traducción sencilla de 2000 palabras a 0,08 € por palabra y una traducción más compleja de la misma extensión a 0,12 € por palabra. A priori, este segundo proyecto es más suculento que el primero en términos económicos, pues nos reportará unos ingresos de 240 € frente a los 160 € de la traducción más fácil. Nos ponemos manos a la obra. Como el primer encargo no presenta ninguna dificultad, traducimos a buen ritmo y lo liquidamos en tan solo 5 horas. Así pues, en este caso habremos ganado 32 € por hora. En el segundo trabajo, sin embargo, vamos más despacio porque tenemos que hacer más búsquedas documentales, resolver más dudas y lidiar con problemas de formato, y al final necesitamos 8 horas para terminarlo. En este caso habremos ganado solo 30 € por hora. Conclusión: el trabajo que en un principio nos iba a reportar menos ganancias nos ha salido más rentable, es decir, hemos ganado más dinero por hora de trabajo.

Así pues, conviene calcular el tiempo que dedicamos a cada trabajo para determinar qué tipo de encargos nos salen más rentables y ajustar las tarifas en consecuencia. Una tarifa más alta no siempre conlleva unos mayores ingresos en relación con el tiempo invertido.

 

El traductor intruso

Como licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Alicante y tras casi seis años de ejercicio profesional como traductora autónoma a tiempo completo, me considero en disposición de afirmar con rotundidad y conocimiento de causa que estudiar Traducción e Interpretación no es, ni mucho menos, imprescindible para ser traductor (un buen traductor). No quiero decir con esto que me arrepienta de haber elegido esa carrera universitaria; al contrario: estoy contenta de haber cursado estudios de Traducción y creo que tener en tus manos un título universitario que avale tu formación en ese campo puede ser una ventaja de cara a los clientes y allana el camino laboral, porque te proporciona una buena base (si bien no toda la que debería o podría) a partir de la cual evolucionar, mejorar y ejercer la profesión de traductor de manera satisfactoria. Sin embargo, no nos engañemos: esa no es la única vía de acceso a la profesión, no es el único camino válido, y quizá ni siquiera sea la mejor opción.

Mucho se ha hablado y debatido sobre la necesidad de crear un colegio de traductores. A este respecto recomiendo leer dos artículos de Cristina Aroutiounova y Oliver Carreira. Pero ¿para qué serviría realmente un colegio? ¿Qué haría un colegio que no puedan hacer ya las asociaciones de traductores? ¿Cuáles serían los requisitos para colegiarse? En mi opinión, y sin ánimo de ofender a nadie (porque sé que hay colegas a los que respeto que no comparten mi opinión), el afán de crear un colegio parece más propio de alguien que no sabe sacarse las castañas del fuego y quiere que otros lo hagan por él, igual que el niño que acude a su madre en busca de protección y defensa porque otro niño le está pegando o insultando. Cuando se aboga por la creación de un colegio de traductores se está apoyando básicamente la instauración de una entidad que, por un lado, fije unas tarifas oficiales de obligado cumplimiento (cosa que, de todas formas, no es posible dada la legislación actual) que nos ahorren el esfuerzo de tener que buscar clientes que estén dispuestos a pagar el precio que nosotros mismos fijamos por nuestros servicios, y, por otro lado, que impida que los «intrusos» accedan a nuestra profesión.

Y he aquí el quid de la cuestión: ¿realmente existe el intrusismo en traducción? En otras profesiones más reguladas en las que los estudios universitarios son la única vía de acceso a ellas por la formación tan especializada y compleja que imparten (medicina, abogacía, arquitectura…), puedo entender que se hable de intrusismo, pero en una profesión tan liberal y flexible como la traducción, con una titulación universitaria tan reciente, con tantos caminos de acceso y tantas formas diferentes de adquirir los conocimientos y las destrezas necesarios para ejercerla con garantías de calidad, ¿realmente hay intrusos? Yo creo que simplemente hay buenos y malos traductores. ¿Qué es un traductor intruso? ¿El que no es licenciado en Traducción e Interpretación? ¿El que hace mal su trabajo? ¿El que cobra dos céntimos por palabra? ¿El que trabaja en la economía sumergida? Porque hay traductores magníficos que no han pisado nunca una facultad de traducción (ni falta que les hace), que son buenos en su trabajo y pagan religiosamente sus impuestos, y licenciados en Traducción e Interpretación que hacen trabajillos mediocres en negro por tarifas misérrimas. ¿Quién sería el intruso en este caso?

Tengo la impresión de que la palabra intrusismo tiende a estar en boca de recién licenciados que temen no poder abrirse camino en el mercado de la traducción y recelan que otros ocupen el puesto que ellos, como licenciados, deberían estar destinados a ocupar. En definitiva, es una palabra que suelen pronunciar aquellos traductores que no saben cómo encontrar su hueco en el mercado, cómo posicionarse por sus propios medios. Sin embargo, yo creo que ningún buen traductor, ningún traductor profesional, debería tener miedo de que un mal traductor, un traductor de andar por casa, le quite trabajo. Esos «intrusos» no son individuos a los que haya que temer, por una razón muy sencilla: el propio mercado ya se encarga de expulsar a los malos profesionales, pues ningún cliente querrá contratar sus servicios. Y si hay clientes que prefieren recurrir a ellos por el motivo que sea (el precio, por ejemplo), tampoco veo razón para preocuparse: seguramente sean clientes que buscan algo que yo no puedo o no quiero darles y con los que, por tanto, no me interesa trabajar.

Así que no temáis, amigos y compañeros, que el mundo es grande y en el mercado de la traducción hay, creo yo, lugar para todos: para los que ejercemos nuestro trabajo con profesionalidad y diligencia y para los «intrusos» chapuceros. Pensad dónde queréis estar y utilizad todas las herramientas a vuestro alcance para posicionaros en ese nicho de mercado. Siempre será mejor emplear vuestro tiempo en encauzar vuestra carrera que en quejarse de los «intrusos».

 

Pequeñas alegrías de la vida: II Concurso de Microrrelatos de Novelda

El sábado pasado disfruté de uno de esos maravillosos momentos de alegría que la vida nos regala de vez en cuando: tuve la suerte de proclamarme ganadora del II Concurso de Microrrelatos de mi ciudad natal, Novelda. No sé cuántos relatos se presentaron al certamen; me dijeron que en torno a un centenar. Desde aquí me gustaría darle las gracias al jurado por haberle concedido el primer premio a mi breve escrito, que con tanta ilusión redacté. Como en el vídeo no se oye muy bien, lo transcribo aquí. Espero que os guste, aunque sé que nunca se puede agradar a todo el mundo. Por cierto, el nombre de la protagonista es ficticio; cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. :-)

Dedicado a mi familia, a mis buenos amigos y a todos aquellos que siempre me hacen esperar

Impuntualidad

Adelina Calvo siempre llegaba tarde. Era algo casi patológico, enfermizo; sencillamente, se mostraba incapaz de salir a tiempo de su casa para aparecer con puntualidad en el lugar donde se la esperaba. Adelina llegaba con retraso a todo: al trabajo, a la parada del autobús, a las citas con el médico, a las cenas con amigos… incluso a su propia muerte. Adelina debía fallecer un 1 de enero a las 11.37 horas, pero, como era festivo, decidió tomarse las cosas con más calma de lo habitual. La parca la estuvo esperando toda la mañana en la misma curva donde Adelina debía tener el accidente de coche que la mandaría directa al otro barrio. Pero Adelina no apareció, y la parca se fue, cansada de esperar. Adelina pasó por ese tramo de la carretera a las 13.58 horas. No murió. Y es que Adelina Calvo siempre llegaba tarde.

 
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Publicado por en 13/02/2012 in varios

 

Nueva tuitera

No he podido resistir por más tiempo el envite de las nuevas tecnologías y, finalmente, he sucumbido a la tiranía de Twitter: twitter.com/igcutillas. Espero que seáis pacientes conmigo mientras me voy familiarizando con él y voy pensando qué escribir para no aburriros. :-)

 
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Publicado por en 10/02/2012 in varios

 

La revisión: el yang de la traducción

La traducción y la revisión son como el yin y el yang: dos fases fundamentales de nuestro trabajo que se complementan y que están indisolublemente ligadas entre sí, pues no es posible hacer una buena traducción si no la revisamos y aplicamos ciertos controles de calidad antes de entregarla. Por muy buenos traductores que seamos, no dejamos de ser humanos, y como tales nos equivocamos y cometemos errores de todo tipo: gramaticales, tipográficos, de comprensión del texto original, de expresión en la lengua de llegada… Por eso es tan importante revisar, releer, enmendar, retocar y pulir las traducciones antes de que lleguen a manos del cliente.

En mi caso, cuando hago una traducción, intento que sea buena desde el primer momento para luego tener que corregir lo menos posible. Sin embargo, cuando el texto es complejo, es inevitable que surjan dudas que me obliguen a hacer primero una «versión en sucio» de la traducción que más tarde tendré que pulir. Normalmente resuelvo las dudas sobre la marcha haciendo una breve búsqueda documental, pero si en algún momento me atasco porque no consigo encontrar una solución satisfactoria y la búsqueda se alarga demasiado, adopto una solución temporal, anoto la duda y sigo adelante. Posteriormente, al final de la jornada o en la fase de revisión, resuelvo todas las dudas pendientes que se hayan acumulado.

Una vez concluida la traducción y resueltas las dudas, llega la fase de revisión. Personalmente, me parece un trabajo más tedioso que el de traducción, pero a la vez irrenunciable para conseguir un buen resultado final. Yo sigo tres pasos:

1) Revisión del contenido: En esta etapa comparo cada frase de la traducción con el texto original para comprobar si lo he traducido todo, si el texto está correctamente traducido y si he utilizado la terminología adecuada. También me aseguro de que el formato de la traducción coincida con el original (negritas, cursivas, división en párrafos, etc.) y de que los números, las fechas, los nombres propios y otros datos clave estén bien escritos.

2) Revisión de la forma: En esta fase releo únicamente el texto final (la traducción) para asegurarme de que suene natural y fluido y de que el estilo utilizado sea adecuado, así como para detectar posibles errores tipográficos, ortográficos, gramaticales, de puntuación, de coherencia, etc.

3) Últimas comprobaciones: Antes de dar por terminada la traducción hago una serie de controles finales:

  • Analizar la traducción con Xbench: Xbench es una herramienta gratuita desarrollada por la empresa de traducción ApSIC que nos permite comprobar, entre otras cosas, si hemos dejado segmentos sin traducir, si hay traducciones divergentes de un mismo segmento, si hay cifras que no coinciden, si se ha utilizado una terminología incorrecta, etc. Para ello es necesario que la traducción se haya hecho utilizando un programa de traducción asistida, de forma que Xbench pueda analizar el archivo bilingüe.
  • Revisar los términos y aspectos más conflictivos del texto para asegurarme de que he utilizado la opción que se ajusta a la terminología y las preferencias del cliente (por ejemplo, en caso de que prefiera las comillas inglesas a las comillas latinas, de que le guste más sólo que solo o de que quiera traducir Ausgabeaufschlag como prima de suscripción en vez de comisión de suscripción). Para ello, si trabajamos con Word, también podemos personalizar las opciones de autocorrección, de forma que si tenemos un lapsus y escribimos, por ejemplo, comisión de suscripción, lo sustituya automáticamente por prima de suscripción.
  • Comprobar si hay dobles espacios, espacios antes de punto, coma, punto y coma, dos puntos, paréntesis, barras, etc. o signos de puntuación duplicados (dos comas seguidas, etc.). Para ello podemos utilizar también las opciones de autocorrección de Word.
  • Y, por supuesto, ¡pasar el corrector ortográfico!

CONSEJOS ÚTILES

  • Es recomendable dejar «reposar» la traducción antes de revisarla para poder verla con otros ojos, con una mirada fresca y diferente. Por ello, lo ideal (si tenemos tiempo suficiente, claro está) es empezar la revisión uno o dos días después de haber terminado la primera versión de la traducción.
  • Algunos traductores prefieren hacer la revisión en papel, porque en este soporte se suelen detectar fallos que en la pantalla del ordenador pasan desapercibidos. Además, los ojos se cansan menos. Me parece un método práctico para textos cortos, pero para traducciones largas es, en mi opinión, un gasto innecesario de papel y tinta.
  • Recomiendo utilizar siempre programas de traducción asistida. Para mí son imprescindibles por el tipo de textos que traduzco (repetitivos, con muchas frases idénticas o parecidas y términos especializados), pero también pueden resultar útiles para los documentos que no reúnen esas características, pues los programas TAO no solo nos ayudan a mantener la coherencia, sino que también facilitan la revisión al permitir cotejar cada frase del original con su traducción de un solo vistazo.
  • Si el documento no es muy largo, hago la revisión una vez traducido el texto entero. En cambio, si se trata de una traducción larga, traduzco y reviso por partes (por ejemplo, cada cierto número de apartados o de páginas) para evitar que la fase de revisión se haga demasiado pesada, lo que podría propiciar que no la hiciera con la debida minuciosidad y diligencia.

En cualquier caso, por mucho empeño que pongamos en revisar nuestras traducciones, es inevitable que tarde o temprano se nos escape algún error más o menos grave que llegue a manos del cliente. En ese caso, lo mejor es asumirlo con profesionalidad y humildad. Si el cliente se da cuenta, lo más probable es que nos pida que lo corrijamos y, como mucho, que nos dé un pequeño tirón de orejas. En el peor de los casos, ese error podría granjearnos el descontento del cliente y que este decidiera no volver a contratar nuestros servicios. Estar preparados para esa situación y asumirla con naturalidad también forma parte de nuestro trabajo. Y es que ni siquiera los traductores somos perfectos.

 

Planes, programas, agendas y hojas de ruta

Últimamente no pasa un solo día sin que oiga o lea la expresión hoja de ruta en los medios de comunicación. No llego a comprender por qué se ha popularizado tanto su uso, hasta el punto de que se ha convertido en abuso. ¿Será que les da un (falso) toque sofisticado y moderno a las noticias? En español ya hay palabras de sobra para designar lo mismo, más sencillas y fácilmente comprensibles (plan, programa, programación, agenda, planificación); así pues, ¿qué necesidad hay de incorporar ese calco del inglés? No soy en absoluto contraria a introducir vocablos de otros idiomas, pero no veo la necesidad de hacerlo si en nuestra propia lengua ya tenemos términos corrientes con el mismo significado. No es cuestión de purismo lingüístico, sino de facilitar la comunicación y, en definitiva, «hablar en cristiano». Así nos lo recuerda la Fundéu: «hoja de ruta: uso y abuso».

 

Perlitas periodísticas 3

Esto sí es una noticia bien redactada, y lo demás, tonterías.

Señores redactores de elmundo.es: vale que todos somos humanos y a todos se nos escapan erratas, pero este párrafo roza la indecencia lingüística y periodística y no tiene perdón ni excusa, se mire por donde se mire.

Noticia elmundo.es

 

Domeñando el ordenador: búsquedas en Google, seguridad y mantenimiento, programas útiles

El pasado 16 de diciembre publiqué la primera parte del resumen del Curso de Informática Productiva para Traductores que impartió Xosé Castro en Córdoba a finales de noviembre, en la que hablé del manejo y la optimización de Windows 7 y el uso de atajos de teclado. Hoy os traigo la segunda y última parte de ese resumen, en la que me centraré en las búsquedas avanzadas en Google, las medidas de mantenimiento, seguridad y privacidad de nuestro ordenador y algunos programitas útiles.

BÚSQUEDAS AVANZADAS EN GOOGLE

Podría decirse, si exageramos un poco, que lo que no está en Google no existe. Pero una cosa es que algo esté en Google y otra muy distinta que seamos capaces de encontrarlo. Este archiconocido motor de búsqueda se ha convertido en una herramienta de consulta más (quizá incluso la más importante) para cualquier traductor, pero debemos aprender a utilizarla correctamente para que nuestras búsquedas den los frutos deseados. Para ello es fundamental dominar los operadores avanzados:

  • Comillas: Google busca una frase exacta. Por ejemplo, si escribimos “El traductor en la sombra”, Google mostrará solamente aquellas páginas que contengan exactamente esa expresión, con las palabras en ese orden.
  • Barra vertical (|) u operador OR: Google busca cualquiera de los dos términos o expresiones introducidos. Por ejemplo, si escribimos lluvia | precipitación o lluvia OR precipitación, Google mostrará aquellas páginas que contengan alguna de las dos palabras.
  • Signo menos (-): Google busca el término o expresión en cuestión sin que aparezca el otro término o expresión introducido. Por ejemplo, si escribimos Angelina -Jolie, Google mostrará aquellas páginas que contengan la palabra Angelina, pero sin que aparezca Jolie.
  • site: Google realiza la búsqueda únicamente en la página web o el tipo de página web indicados. Por ejemplo, si escribimos desempleo site:elmundo.es, Google buscará el término desempleo en la página web www.elmundo.es; si escribimos desempleo site:.es, Google buscará la palabra en todas las páginas que tengan un dominio .es.
  • link: Google busca enlaces que apuntan a la página en cuestión. Por ejemplo, si escribimos link:asetrad.org, Google mostrará aquellas páginas que contengan un enlace a la página web www.asetrad.org.
  • related: Google busca páginas relacionadas con la web en cuestión. Por ejemplo, si escribimos related:ua.es, Google mostrará aquellas páginas que estén relacionadas con la web www.ua.es (por ejemplo, las páginas de las demás universidades de España).
  • ext: Google busca un tipo de archivo concreto. Por ejemplo, si escribimos ext:pdf, Google buscará archivos PDF.
  • intitle: Google busca la palabra o frase en cuestión únicamente en los títulos de las páginas (por ejemplo, intitle:traducción).
  • intext: Google busca la palabra o frase en cuestión únicamente en el texto de las páginas (por ejemplo, intext:traducción).
  • inurl: Google busca la palabra o frase en cuestión únicamente en la dirección de la página web (por ejemplo, inurl:traducción).
  • define: Permite buscar definiciones de términos (por ejemplo, define:prima de riesgo).
  • Además, Google funciona como calculadora científica y conversor de unidades. Si escribimos, por ejemplo, 1 EUR to USD, aparece automáticamente la equivalencia entre ambas divisas; si introducimos 1 kg to g, nos convierte los kilos en gramos, y si escribimos 20 C to F, nos dice cuántos grados Fahrenheit son 20 grados Celsius.

MANTENIMIENTO, SEGURIDAD Y PRIVACIDAD

El ordenador no solo es nuestra herramienta de trabajo, sino que contiene una gran cantidad de información que, en muchas ocasiones, es confidencial. Por esta razón es crucial mantener un buen nivel de seguridad y privacidad. ¿Cómo proteger la información sensible que no queremos que nadie lea?

  • Creando carpetas invisibles en el escritorio: Para ello basta con hacer clic con el botón derecho del ratón en la carpeta que queremos ocultar e ir a Propiedades > Personalizar > Cambiar icono. Dentro de esta ventana tan solo tenemos que seleccionar cualquier icono «vacío» para que la carpeta sea invisible en el escritorio. Eso sí, también habrá que borrarle el nombre.
  • Ocultando archivos en carpetas remotas o escondidas: También podemos guardar los archivos confidenciales en carpetas donde a nadie se le ocurriría mirar si estuviera buscando algo. Por ejemplo, en mi ordenador, C > Archivos de programa > Reference Assemblies > v3.5 > RedistList.
  • Comprimiendo y cambiando la extensión de archivo: Una manera muy eficaz de proteger un archivo o carpeta confidencial es comprimiéndolo en zip o rar (si además lo protegemos con una contraseña, tanto mejor) y cambiando luego la extensión .zip o .rar por otra cualquiera (por ejemplo, .dat) para que no sea posible identificar de qué tipo de archivo se trata ni, por tanto, abrirlo. Tampoco está de más ponerle un nombre «aséptico», por ejemplo plantilla.dat. De esta forma podemos convertir un archivo con información sensible como contraseñas.xls en otro aparentemente sin importancia como plantilla.dat. Lógicamente, para abrir el archivo habrá que restablecer la extensión original.
  • También es fundamental y muy fácil proteger nuestro ordenador con una contraseña de acceso (Panel de control > Cuentas de usuario). Si nos alejamos del ordenador y no queremos que nadie fisgonee, podemos bloquearlo con la combinación de teclas Windows + L.
  • Huelga decir que es importantísimo tener un antivirus actualizado, además de cortafuegos, programas antimalware y antispyware (por ejemplo, SpyBot Search & Destroy).

¿Y qué decir del mantenimiento del ordenador?

  • Antes de instalar cualquier programa importante o de hacer cualquier cambio trascendental, conviene crear un punto de restauración para poder volver al estado anterior en caso de que la osadía informática salga mal.
  • Por supuesto, no hay que olvidar hacer copias de seguridad, consejo que ya os di en una entrada anterior. Pero no solo eso: también es importante guardar las copias de seguridad en lugares físicamente separados, porque si dejamos, por ejemplo, el disco duro externo junto al ordenador y tenemos la desgracia de que nos roben o se nos incendie la casa, de nada nos habrá servido tener los datos duplicados. Para eso también es muy útil tener copias de seguridad en la nube, por ejemplo en Dropbox, lo que nos permitirá, además, acceder a los archivos desde cualquier ordenador.

PROGRAMAS ÚTILES

Y, por último, algunas aplicaciones útiles:

  • recuva: Para recuperar archivos borrados.
  • Mailinator: Ideal cuando no quieres dar tu dirección de correo electrónico verdadera.
  • Teracopy: Para copiar y mover archivos más fácilmente.
  • bitly: Para acortar, compartir y rastrear enlaces.

Esto es todo lo que da de sí mi capacidad de síntesis. Pero hay tantos consejos, ideas y trucos útiles que solo puedo recomendaros dos cosas:

  1. Que trasteéis y experimentéis con vuestro propio ordenador para descubrir todo lo que ofrece.
  2. Que no os perdáis el próximo Curso de Informática Productiva para Traductores de Xosé Castro. La inversión bien merece la pena.
 
 

II Jornadas de Transición al Oficio de Traductor e Intérprete (Universidad de Alicante)

Hoy mismo me he enterado de que el viernes 3 de febrero se celebrarán en mi universidad, la de Alicante, las II Jornadas de Transición al Oficio de Traductor e Intérprete. En cuanto he leído que Pablo Muñoz y Xosé Castro, entre otros reconocidos profesionales, figuran entre los ponentes, no he dudado ni un segundo en inscribirme. Y es que sería delito no acudir teniendo en cuenta que, además, es gratis y me pilla a tiro de piedra. Así que ¡allí estaré!

Tenéis toda la información sobre las jornadas aquí: http://dti.ua.es/es/transicion-oficio-traductor-interprete/inscripcion.html

 

Mi nueva página web

Por fin hoy, después de varios meses de espera y de duro trabajo, puedo presentaros oficialmente mi nueva página web: www.igcutillas.com. Según mi opinión nada objetiva, es mucho más sobria, limpia, agradable, concisa y fácil de leer que las que he tenido hasta ahora. Desde aquí me gustaría agradecer y felicitar públicamente a Ángel Domínguez por el excelente trabajo que ha realizado y por la profesionalidad que ha demostrado en todo momento, haciendo gala no solo de su pericia como diseñador gráfico, sino también de una exquisita atención a los deseos y necesidades personales del cliente. En realidad, la web es tan solo una pequeña parte de mi nueva identidad visual, que incluye diversos elementos gráficos (logotipo, símbolo, logosímbolo) en diferentes formatos, elección de fuentes tipográficas y esquemas de colores corporativos y auxiliares, plantilla de factura en Excel y tarjetas comerciales. En definitiva, un resultado con el que estoy sumamente satisfecha y que espero que sea un fiel reflejo de la actitud profesional, seria y responsable que tengo hacia mi trabajo.

Pero para que esta entrada no sea solo de autobombo, aprovecho la ocasión para recopilar algunos consejos para crear una página web profesional que dé una buena imagen de nosotros:

  • Dominio propio: Con la infinidad de empresas de registro y alojamiento web que hay hoy en día, no hay excusa para no tener un dominio propio. Los precios, además, son más que asequibles. Por lo general, encontraréis las mejores ofertas en empresas de EE. UU.
  • Diseño profesional: Hasta el momento, yo siempre había diseñado mi propia página web con la ayuda de plantillas gratuitas, pero hace unos meses me decidí por fin a encargarle el trabajo a un profesional, tanto para ahorrar tiempo como para conseguir un mejor resultado. Y la diferencia se nota. Aunque no es un servicio barato, la inversión bien merece la pena.
  • Corrección lingüística: Somos traductores, así que el texto de nuestra página web es nuestra mejor carta de presentación. Debe estar impecablemente redactado o traducido (en el caso de las versiones en otros idiomas).
  • Traducciones a otros idiomas: En mi opinión, es fundamental que la página web esté disponible como mínimo en nuestros idiomas de trabajo, para poder llegar a todos los clientes que nos interesan.
  • Estructura simple e intuitiva: El contenido debe estar bien estructurado, de manera que permita una navegación fácil e intuitiva y un acceso rápido a la información deseada.
  • Concisión y presentación clara de la información: Dejaos de rollos: id al grano, decid con brevedad y claridad quiénes sois, qué ofrecéis y en qué os diferenciáis de la competencia.
  • Datos de contacto en un lugar bien visible: Poned vuestra dirección de correo electrónico y el teléfono en una parte bien visible de la página para que los clientes que quieran ponerse en contacto con vosotros puedan hacerlo sin esfuerzo.
  • Referencias y opiniones de clientes: Un cliente satisfecho es la mejor publicidad que un traductor puede tener. Así pues, pedid referencias a vuestros mejores clientes. ¡Seguro que están dispuestos a ayudaros!
  • Enlaces a otras páginas de interés: Nunca está de más incluir enlaces a otras páginas relacionadas o que también puedan ser de interés para el lector.
 
 
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