La traducción y la revisión son como el yin y el yang: dos fases fundamentales de nuestro trabajo que se complementan y que están indisolublemente ligadas entre sí, pues no es posible hacer una buena traducción si no la revisamos y aplicamos ciertos controles de calidad antes de entregarla. Por muy buenos traductores que seamos, no dejamos de ser humanos, y como tales nos equivocamos y cometemos errores de todo tipo: gramaticales, tipográficos, de comprensión del texto original, de expresión en la lengua de llegada… Por eso es tan importante revisar, releer, enmendar, retocar y pulir las traducciones antes de que lleguen a manos del cliente.
En mi caso, cuando hago una traducción, intento que sea buena desde el primer momento para luego tener que corregir lo menos posible. Sin embargo, cuando el texto es complejo, es inevitable que surjan dudas que me obliguen a hacer primero una «versión en sucio» de la traducción que más tarde tendré que pulir. Normalmente resuelvo las dudas sobre la marcha haciendo una breve búsqueda documental, pero si en algún momento me atasco porque no consigo encontrar una solución satisfactoria y la búsqueda se alarga demasiado, adopto una solución temporal, anoto la duda y sigo adelante. Posteriormente, al final de la jornada o en la fase de revisión, resuelvo todas las dudas pendientes que se hayan acumulado.
Una vez concluida la traducción y resueltas las dudas, llega la fase de revisión. Personalmente, me parece un trabajo más tedioso que el de traducción, pero a la vez irrenunciable para conseguir un buen resultado final. Yo sigo tres pasos:
1) Revisión del contenido: En esta etapa comparo cada frase de la traducción con el texto original para comprobar si lo he traducido todo, si el texto está correctamente traducido y si he utilizado la terminología adecuada. También me aseguro de que el formato de la traducción coincida con el original (negritas, cursivas, división en párrafos, etc.) y de que los números, las fechas, los nombres propios y otros datos clave estén bien escritos.
2) Revisión de la forma: En esta fase releo únicamente el texto final (la traducción) para asegurarme de que suene natural y fluido y de que el estilo utilizado sea adecuado, así como para detectar posibles errores tipográficos, ortográficos, gramaticales, de puntuación, de coherencia, etc.
3) Últimas comprobaciones: Antes de dar por terminada la traducción hago una serie de controles finales:
- Analizar la traducción con Xbench: Xbench es una herramienta gratuita desarrollada por la empresa de traducción ApSIC que nos permite comprobar, entre otras cosas, si hemos dejado segmentos sin traducir, si hay traducciones divergentes de un mismo segmento, si hay cifras que no coinciden, si se ha utilizado una terminología incorrecta, etc. Para ello es necesario que la traducción se haya hecho utilizando un programa de traducción asistida, de forma que Xbench pueda analizar el archivo bilingüe.
- Revisar los términos y aspectos más conflictivos del texto para asegurarme de que he utilizado la opción que se ajusta a la terminología y las preferencias del cliente (por ejemplo, en caso de que prefiera las comillas inglesas a las comillas latinas, de que le guste más sólo que solo o de que quiera traducir Ausgabeaufschlag como prima de suscripción en vez de comisión de suscripción). Para ello, si trabajamos con Word, también podemos personalizar las opciones de autocorrección, de forma que si tenemos un lapsus y escribimos, por ejemplo, comisión de suscripción, lo sustituya automáticamente por prima de suscripción.
- Comprobar si hay dobles espacios, espacios antes de punto, coma, punto y coma, dos puntos, paréntesis, barras, etc. o signos de puntuación duplicados (dos comas seguidas, etc.). Para ello podemos utilizar también las opciones de autocorrección de Word.
- Y, por supuesto, ¡pasar el corrector ortográfico!
CONSEJOS ÚTILES
- Es recomendable dejar «reposar» la traducción antes de revisarla para poder verla con otros ojos, con una mirada fresca y diferente. Por ello, lo ideal (si tenemos tiempo suficiente, claro está) es empezar la revisión uno o dos días después de haber terminado la primera versión de la traducción.
- Algunos traductores prefieren hacer la revisión en papel, porque en este soporte se suelen detectar fallos que en la pantalla del ordenador pasan desapercibidos. Además, los ojos se cansan menos. Me parece un método práctico para textos cortos, pero para traducciones largas es, en mi opinión, un gasto innecesario de papel y tinta.
- Recomiendo utilizar siempre programas de traducción asistida. Para mí son imprescindibles por el tipo de textos que traduzco (repetitivos, con muchas frases idénticas o parecidas y términos especializados), pero también pueden resultar útiles para los documentos que no reúnen esas características, pues los programas TAO no solo nos ayudan a mantener la coherencia, sino que también facilitan la revisión al permitir cotejar cada frase del original con su traducción de un solo vistazo.
- Si el documento no es muy largo, hago la revisión una vez traducido el texto entero. En cambio, si se trata de una traducción larga, traduzco y reviso por partes (por ejemplo, cada cierto número de apartados o de páginas) para evitar que la fase de revisión se haga demasiado pesada, lo que podría propiciar que no la hiciera con la debida minuciosidad y diligencia.
En cualquier caso, por mucho empeño que pongamos en revisar nuestras traducciones, es inevitable que tarde o temprano se nos escape algún error más o menos grave que llegue a manos del cliente. En ese caso, lo mejor es asumirlo con profesionalidad y humildad. Si el cliente se da cuenta, lo más probable es que nos pida que lo corrijamos y, como mucho, que nos dé un pequeño tirón de orejas. En el peor de los casos, ese error podría granjearnos el descontento del cliente y que este decidiera no volver a contratar nuestros servicios. Estar preparados para esa situación y asumirla con naturalidad también forma parte de nuestro trabajo. Y es que ni siquiera los traductores somos perfectos.